Los cuentos de Mister
viernes, 25 de abril de 2014
Carrera
jueves, 31 de marzo de 2011
Juan sin inspiración
jueves, 2 de diciembre de 2010
Vuela
bajo la lupa insidiosa de la razón mezquina
que evade sentimientos y destruye el amor
No permitas que te envenene con vanas observaciones
deja que el mundo pese sobre mi
permite que fluya mi sangre y emoción
que renazca mi fuerza interna desde el centro
que externa surja y muera aquella pasión
vuela, donde nada pueda herirte...
miércoles, 14 de julio de 2010
El visitante
Antes que nada quiero aclararles que los hechos narrados en esta historia son reales y que bajo ningún concepto se me tilde de mentiroso o exagerado pues como hombre de palabra que soy puedo asegurarles, mis queridos lectores que estoy contándoles la más fiel versión de lo acontecido.
Si bien es verdad que mi memoria ya no es la misma de antes hay cosas que nunca en la vida se pueden olvidar, no importa cuánto tiempo pase, esos sucesos quedan marcados en tu mente como un hierro candente marca la piel; son tatuajes en la memoria.
Como no soy una persona practicante de ninguna religión en especial pero tampoco me considero agnóstico quiero aclararles que en Dios sí creo aunque para mí no esté representado de la manera convencional como ser omnipotente que todo lo sabe y todo lo ve. Yo pienso que Dios aprende también, que puede ver mucho pero no todo y que muchas veces se da una vuelta por las calles pero no está en todos lados a la vez.
Terminando de presentarles algunos aspectos de mi pensar, también creo en otras formas de vida además de las que vemos en la tierra. No sé si me explico bien.
Teníamos por costumbre mis amigos y yo reunirnos todos los primeros viernes de cada mes a la salida de nuestros respectivos trabajos. No éramos muchos los que quedamos ya que María había conseguido un buen empleo en Córdoba y se había instalado con su marido y sus tres hijos allí. Obviamente a Haroldo no le importaba ganar menos que ella y por eso accedió sin chistar a la mudanza y a renunciar en su empleo para acompañar la aventura familiar.
Soledad y Daniel que en ese momento habían logrado recibirse se fueron a Europa, a España y Alemania respectiva mente y por lo tanto solo quedamos nosotros cuatro.
Adriana, gran dibujante de profesión, Nicolás con su estricta formulación musical, Carlos un profesor de matemáticas inteligente y yo, que prefiero no catalogarme pues no me considero apto a esa tarea.
Mensualmente la comida, la cerveza y algunos cigarros nos reunían en la mesa del bar que Carlos había puesto hacía varios años atrás y que servía de cubil a nuestras juntas.
Ya anteriormente habíamos organizado rondas de chistes, juegos de mesa, "verdad-consecuencia", prácticamente cada uno de nosotros conocía la vida de los otros tres por lo que se nos agotaban las novedades y las actividades a realizar en las reuniones acostumbradas.
Ese día en particular Adriana se le prendió la lamparita y propuso que cada uno de nosotros contara una historia, la cual además debía ser verídica y tener algún hecho misterioso o extraño.
Todos nos reímos, pues sabíamos que esto se prestaba para que cada uno inventase la historia que quisiera sin que esta tenga nada de verídico y ni siquiera verosímil. Es lo que hacen todos en las fogatas de los campamentos "improvisar una historia que después juran como real". Pero Carlos decidió que debía empezar y fue Él quien primero empezó la ronda con un "Yo una vez escuche..."
Al principio entre bromas Carlos trato de contar la historia mientras Adriana tomaba un lápiz y su cuaderno y bosquejando intentaba representar la visón del narrador sobre los primeros hechops descriptos. Nicolás tarareaba lo que parecía ser la música que acompañaba la historia. Yo sin Embargo preste mucha atención puesto que desde el principio me sentí cautivado con los hechos narrados...
Yo una vez escuche que en el campo, y entiéndase por campo a cualquier región rural de la República Argentina, la gente habla de un hecho que sucedió en un pueblo escondido y olvidado. Era una noche templada, con vientos tímidos y el cielo estrellado en detalle. Dicen que en ese momento se vio una luz con muchísimos colores atravesarlo. Esta luz mantuvo el cielo iluminado tardando varios minutos en desvanecerse. Posteriormente sucedieron algunos hechos extraños como la aparición de pequeños anillos en el ambiente que se movían cerca de las personas y que al tratar de tocarlas desaparecían. Una mañana el poblado se conmocionó ante el descubrimiento del cadáver de Pedro, un muchacho vagabundo al cual la gente le dama limosnas o ropas usadas. Pedro apareció en la plaza completamente desnudo y con el pelo cortado, las uñas arregladas, contrario a como se lo podía ver habitualmente. Lo más extraño era un persistente perfume a jazmines que lo envolvía. Nadie sabía lo que había sucedido pero inmediatamente se asoció a los hechos acontecidos y no fue hasta que se descubrió lo verdaderamente asombroso de la historia que la muerte de este vagabundo fue un misterio en el pueblo.
Juan, el tambero, encontró lo que parecía una perinola del tamaño de una estufa, le llamo la atención la forma prismática de ocho lados que poseía el cuerpo y unas extrañas marcas en forma de medialunas que se oponían entre sí. Curioso ante el hallazgo Juan llamo a su mujer y juntos llevaron el extraño objeto a la iglesia del pueblo en cuyo lugar el Padre Mario y el comisario Miguel quedaron pasmados ante tal descubrimiento.
Una vez que concluyeron no tener idea de que se trataba este objeto Juan intentó con su dedo empujar las extrañas marcas para que quedaran en posición opuesta a la que había sido hallado y grande fue su sorpresa al darse cuenta que al hacerlo el objeto se abrió por la mitad despegando una luz que se proyecto en la pared del templo. Más grande fue su sorpresa al darse cuenta que en la pared la luz proyectada mostraba imágenes que dejaron con la boca abierta al resto del pueblo que se agolpó a verlas. Era una especie de película, en ella se veía un ser minúsculo que se trasportaba en un objeto símil al proyector, este objeto flotaba por el campo y llegaba al pueblo que inmediatamente reconocieron los espectadores como propio. Este minúsculo ser se topaba con un andrajoso personaje al que los lugareños reconocieron también apenas lo vieron, era Pedro, el difunto Pedro, quien en la película se podía ver muy sorprendido apreciando al ser que además de pequeño presentaba una aspecto desconcertante, muy parecido a nosotros pero como si no hubiese podido desarrollarse por completo. Tal cual se vería un bebé que nace sin formarse los nueve meses en el vientre y siguiera creciendo en ese estado pero a menor escala. Pedro se acercaba al extraño visitante mientras este le contemplaba con la misma curiosidad. En ese momento Pedro lloró en un mar de lágrimas y se arrodillo ante él. Mediante la película todos los testigos oyeron los lamentos de Pedro quien le contaba al ser todas sus penurias, sus miserias, el hambre que debía soportar cuan solo se sentía y cuanto deseaba cambiar de vida. Cuanto anhelaba vivir como los demás y no ser un vagabundo, un pobre miserable. De alguna manera el ser pareció interpretar ese clamor y con sus manos entregó algo que parecía ser un trozo grande de oro al lastímero callejero. El hombre lo vió guardó en su bolsillo y llorando volvió extender su mano pidiéndoles más a lo que el pequeño respondió nuevamente entregándole otra pieza igual del metal dorado. La imagen se repitió varias veces y con cada repetición Pedro se veía más entusiasmado y el visitante mas confundido hasta que este no le entregó más. Pedro se impaciento mucho y todos los allí presentes contemplaron con horror como golpeó violentamente el objeto donde el pequeño flotaba y lo daños que le ocasionaba tratando de abrirlo para extraer más de lo que tan gentilmente aquel resiente amigo le había regalado. Un destello cegó la pantalla y lo que se vió a continuación fue la imagen de Pedro desnudo flotando en el aire totalmente limpio sin llevar nada puesto y descendiendo lentamente. Fue lo último que se vió de aquello que se proyectó sobre la iglesia. Al momento de terminar se apagó la luz y el objeto que proyectaba desapareció por completo dejando a todos perplejos y sin palabras. Nunca nadie más supo de este objeto ni de aquel extraño visitante pero lo cierto es que todos entendieron que lo que mató a este hombre fue su avaricia desmedida.
Carlos finalizó su cuento con esta reflexión y todos quedamos muy pensativos, todos menos Nicolás que protestó. Para Él aquel cuento no tenía nada de verídico y obviamente para ninguno lo tenía pero no era al fin de cuentas lo que importaba, sin embargo siguió exclamando que era una historia ridícula.
Lo narrado se hizo tan extenso que no pudimos escuchar los otros cuentos ni yo tampoco pude contar el mío así que nos despedimos muy cansados hasta el siguiente primer viernes del mes y como yo me encontraba cerca decidí caminar hasta mi casa reflexionando en aquella historia.
Al llegar tenía un mensaje de texto de Adriana en el celular que no había visto y en el cual me pedía que la llame cuando lo leyera. Al principio me costó reconocer su voz pero me di cuenta que era ella y estaba llorando. Me costó mucho preguntarle qué pasaba porque sabía que era algo grave ya que no era de esas mujeres que lloran por nada.
- ¡Nicolás esta muerto! Me dijo.
- Recién me llamo su mamá, lo encontraron cerca de su casa, al parecer fue asaltado.
Sentí un nudo en el estómago y lo primero que me vino a la mente fue buscar un baño, me costó mucho salir de allí. El malestar fue insoportable y solo después de lanzar varias veces pude llorar. Cuando llegue a casa de Nicolás Carlos y Adriana estaban allí y la mamá de Nicolás terminaba de hablar con un policía gordo que se rascaba la cabeza de manera compulsiva.
Solo llegue a oír la ultima parte de la declaración: "Estaba completamente desnudo y olía a jazmines".
miércoles, 21 de abril de 2010
La noche fría cual Cócito la sorprendía vagando por los senderos escarchados, escoltada por árboles blanqueados y decaídos que esperaban como impacientes la llegada del sol. Nada se podía oír en ese momento, hasta los búhos se habían callado.
Solo el inconfundible crujido de las botas de Helena, rompía el silencio de su propia realidad. Frío y mas frío pensó. ¿No he de conseguir nunca llegar?
Habían pasado dos horas y el paisaje seguía intacto, solo silencio y oscuridad. Temor, temor por no llegar a tiempo, por desconocer que iba a hallar.
- ¡Ya solo falta que me coma un lobo!
Rompió el silencio al decirlo en voz alta.
No había más que hacer, solo seguir, avanzar inequívocamente por aquel sendero sin desviar ni siquiera para orinar. Aunque el frío hacia que su cuerpo opine distinto. Tenia que continuar.
Un movimiento la detuvo de un sobresalto, y un reguero de flores rojas como su pelo le cambiaron el panorama.
¿Como habían llegado allí?
Se propuso no seguir investigando debía llegar, debía cruzar el bosque y alcanzarlo antes de que se vaya. Por una vez debía lograrlo.
Esta vez el frío que tenia no le impidió empezar a correr, mientras soñaba despierta recordando sus momentos felices, distintos a todos los demás.
Pisaba las rosas y su perfume la invadía de nostalgia y sus lágrimas calentaban sus mejillas.
Estoy llegando, se decía, y sus ojos apreciaban el humo de la chimenea, acompañado de el asomar de la cabaña en el horizonte.
- ¡Espéeeerame!
Se ahogaba en la silenciosa y blanca noche.
Un perro ladraba cerca de la puerta donde un viejo hombre salia a recibirla. Tenía una expresión neutra.
No fue necesario nada más, sus ojos lo decían todo.
-¡No pude llegar! Quería decirle tantas cosas...
El anciano no le hablo, no podía decirle nada, simplemente tomo sus manos y puso una hoja de papel en ellas al tiempo que las cerraba y protejía con sus guantes del tiempo. Luego dío una vuelta y entro nuevamente a la vivienda.
Ella no entró; en vez de eso se sentó al lado de la puerta y comenzó a leer.
Después de hacerlo simplemente no puedo hacer ni decir nada mas, su tiempo se detuvo.
Aunque la carta no lo decía, lo supo de antemano; el la perdonó. Siempre que quería hacer las pases con ella, le regalaba un ramos de rosas rojas.
Ahora su perfume estaba con ella.
domingo, 20 de diciembre de 2009
En Paz

de Amado Nervo
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,porque nunca me diste ni esperanza fallida,ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino;que si extraje la miel o la hiel de las cosas,fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:cuando planté rosales, coseché siempre rosas....Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!Hallé sin duda largas noches de mis penas;mas no me prometiste tú sólo noches buenas;y en cambio tuve algunas santamente serenas...Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Lucha

¡Es ahora o nunca!
Su codo terminó incrustado en la cara del más pequeño de ellos, sintió como algo más blando cedía ante esa acción. ¿Un ojo quizás? No tenía tiempo de pensarlo. Todavía quedaban tres y el sonido del rasguito de las prendas se opacaba ante el grito de angustia y desesperación.
¡Tengo que detenerlo!
Sus pensamientos se ahogaban en sangre y vomito ante la patada en la boca del estomago que el atacante le propinó, simplemente cayo de rodillas y su vista se nubló. Pero no podía darse el lujo de desmayarse, ya no había tiempo para nada más.
¡Ese hijo de puta esta encima suyo! ¿Con que cara podría mirarla de nuevo si dejo que esto suceda?
- ¡Noooooooo! – Un solo salto y se reincorporó nuevamente a la lucha. Solo basto el impulso provisto de lo que le quedaba de energía y aplasto su rostro a merced de su puño, el desgraciado no lo vio venir, ni antes ni después, simplemente se desplomó.
- ¡Ustedes Dos, Suéltenla!
- Te vas a arrepentir de lo que le hiciste a mis amigos, solo nos divertíamos con la puta esta, pero ahora no te van a quedar ganas de cortarle el polvo a nadie, maricón.
El más alto de los dos saco una navaja de su bolsillo trasero, el otro lo imitó, eran dos tipos amenazándolo con armas blancas, su hermana tirada en el suelo semidesnuda, y él.
El mar arrastraba sus manos hacia los pies de la muchacha, incluso le robo una prenda, luego se ra devolvió. Dos gritos más se escucharon en aquel ocaso, al parecer, no había ese día mejor manera de aprender la lección.
