Victoria levanto el teléfono esa madrugada del 5 de abril, hacia frio y por más que intentaba evitarlo quería hablar con él, quería pedirle disculpas por como lo había tratado. Normalmente ella no era así, pero aquella noche había bebido de más y la desinhibición del alcohol la volvió una mujer pesada. El teléfono sonaba pero nadie respondía, después del tercer tono se dio cuenta de su error
Lo vas a despertar y te odiara aun más.
Sin embargo siguió insistiendo durante al menos 10 minutos más.
Seguramente esta con otra, alguna que no vomita en su camisa…
Rápidamente saco ese pensamiento de su cabeza y volvió a apoyarla en su almohada.
Por Dios, debo dormir. A los pocas horas abrió los ojos y se dio cuenta que le sería imposible tenía que volver a insistir…nada, sea lo que sea que hubiese pasado no se comunicaría por teléfono con él, era necesario que vaya a su casa y hablen personalmente, se levantó de la cama sin hacer mucho ruido, como si estuviese alguien más en la habitación
¡Qué tonta!
Salió a la calle en aquella lluviosa y fría penumbra y detuvo el primer taxi que avisto.
- A la esquina de asunción y pringles por favor
Al bajar del taxi empezó a notar que algo no andaba bien, las luces encendidas indicaban que estaba despierto, bien despierto tal vez en compañía de alguien más.
¿Podrá ser tan canalla? Prácticamente tiro la puerta abajo luego de que la campana no diera respuesta satisfactoria, pero nadie salió a su encuentro.
-Maldito sinvergüenza, mentiroso, embustero, Ábreme
Nada. Tomo su celular y llamo a su mejor amigo, Raúl, si alguien sabe en que anda debía ser el.
- ¿Donde estas? Tu amigo no me atiende la puerta y sé que esta con otra.
-¿Ya te fijaste la hora? Después del escándalo que hiciste en la fiesta no te parece que deberías medir tus palabras. Humillaste a tu novio y a todos sus amigos.
El maldito me corto… Bien Ahora que recuerdo siempre guardo una copia de la llave en mi cartera. ¡Por Dios la angustia me hizo olvidarlo! Ahora veras si puedes tomarme por estúpida…
Victoria abrió la puerta y lo que encontró fue un cuadro inesperado en todos sus aspectos. El cadáver frio de su prometido yacía inerte al lado de un busto de mármol, sangre por todos lados y la mesa del living al igual que su alfobra cubierta de vomito.
A sus espaldas dos agentes de policía la tomaban por sorpresa esposándola en la oscura escena de aquel crimen cuya autoría había borrado su frágil mente.
No pudo contener su ira cuando le pidió un tiempo
No pudo contener su ira ante su propia inseguridad.
Emmanuel Peralta